El Sagrado Corazón de Jesús pide reinar en todos los hogares mediante su imagen bendecida por un sacerdote.
Desea ocupar un lugar en donde se le ame y se le pida permanentemente su paternal protección.
Introducción
La consagración no es otra cosa que entregarse a Jesucristo, es la dedicación de nuestras personas y de nuestras cosas, reconociéndolas recibidas de la eterna caridad de Dios. Con la consagración aceptamos su imperio de verdad, justicia y caridad en nuestras vidas.
Consagrarse es ponerse totalmente a disposición de Cristo, es por eso un acto serio y bien meditado. Igual que cuando se consagra un cáliz o un altar, éste deja de estar al servicio de bebidas y cenas para pasar al servicio exclusivo de Dios, cuando se consagra una persona o una casa, ésta se pone al servicio del Señor para tratar de hacer en todo su voluntad. Por eso se llama también entronización, porque pones un trono real en tu casa, el trono de Cristo, al cual proclamas como tu Rey y le quieres servir por amor.
Darle el lugar que le corresponde al Sagrado Corazón de Jesús en nuestra familia, es tratar de que todo lo que se haga y se viva, sufrimientos, alegrías, trabajos, inquietudes, se ofrezca al Señor para la redención de la propia familia y del mundo.
En que consiste.
La Entronización es una consagración de la familia al Sagrado Corazón de Jesús y manifiesta el propósito de reconocerlo como Rey de esa sociedad, colocándolo simbólicamente en un trono. Su fin próximo es lograr que en la familia reine un espíritu efectivamente cristiano.
Su fin remoto es el de preparar las condiciones para el Reinado de Jesucristo en la sociedad.
Nuestro Señor hizo dos promesas, dentro de las doce, a Santa Margarita María Alacoque que se relacionan directamente con la familia y la Obra de la Entronización:
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- Daré paz a sus familias.
- Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada.
Los cuatro pilares de la Entronización
.I. La Entronización es reconocer que el espacio en el que vivimos diariamente es un santuario donde el Dios habita.
La familia, o el hogar que acoge a los que me son más cercanos, es el lugar donde se manifiesta el amor, donde nace y crece, y se “recarga”…
Ubi caritas, Deus ibi est! “Allí donde hay amor, Dios habita”. Traducción libre, sin duda, pero que nos recuerda lo esencial en la humanidad: la familia es el primer santuario del amor y por lo tanto de Dios.
¡Poner la imagen del Sagrado Corazón, símbolo de ese Dios Amor, es, ya de entrada, una profesión de fe en el Dios que es amor!
Por lo tanto, el primer compromiso de quienes realizan la Entronización es el de alimentar esta fe cultivando una relación privilegiada con Jesús como Marta, María y Lázaro en Betania. La oración (adoración nocturna, pero también sencillamente la oración en familia, la práctica de la Eucaristía o los Sacramentos), la formación (catequesis, cursos, retiros, lecturas, etc.) son las oraciones vivas que constituyen el pilar sobre el cual todo lo demás reposa.
Puede ayudarnos a recordarlo tener un rincón habilitado para la oración en torno a la imagen del Sagrado Corazón.
.II. Entronizar es comprometerse a hacer de la casa una “escuela, un laboratorio de amor”…
La familia, la casa, es el primer lugar donde se tejen las relaciones más íntimas (de pareja, paterno-filiares, fraternas). Es el lugar en el que aprendemos a amar como Jesús, que nos enseñó el camino de la entrega, del servicio mutuo que se expresa a través de una mirada atenta, y de la compasión, vivida a menudo en el perdón y la reconciliación.
Esta manera de aprender a vivir como Jesús a partir del Evangelio nos abre a un amor más grande, que desborda las fronteras y nos conduce a acoger a los que necesitan tener la experiencia de lo que quiere decir ser amado…
El manual, la guía práctica de esta escuela, ¡es el EVANGELIO!
Teniendo en cuenta que éste era el punto de partida de cada una de las sesiones del Concilio Vaticano II, ¿por qué no Entronizar los Evangelios o mejor la Biblia al mismo tiempo que la imagen del Sagrado Corazón?
III. Entronizar es hacer de nuestra casa “un trampolín misionero”.
El amor, que es el motor y está en el corazón de la Entronización, está hecho para ser difundido, repartido, comunicado; si no, muere.
El amor del corazón de Jesús es misionero. Por eso el amor que se encuentra allí donde se ha realizado la Entronización sólo puede ser misionero y propagarse comouna llama…
Este amor apostólico va a manifestarse de diversas maneras en función de nuestras posibilidades y de nuestra situación, pero siempre lo hará a través de la calidad de nuestras relaciones en la vida ordinaria: en el barrio, en el trabajo, en nuestro ocio, etc.
Y, según el caso, también en el compromiso en la parroquia, una determinada comunidad educativa o movimiento, el compromiso caritativo, las asociaciones, etc.
Debemos ser reconocidos como “gente con corazón”, ya que el Corazón de Dios ha venido a habitar en medio de nosotros.
Nuestra casa llegará a ser entonces un auténtico cenáculo, una nueva Betania. Sería bueno colocar un signo que nos recuerde esta exigencia misionera cerca de la imagen del Sagrado Corazón y del Evangelio… ¿Por qué no un pequeño mapamundi?

IV. Entronizar es “acoger a María en la propia casa”.
Jesús es el “¡nunca sin mi Madre!”
Con la Entronización ocurre un poco como en las bodas de Caná: “Jesús fue invitado a la boda… y la madre de Jesús estaba allí” (Jn 2, 1-2)
Si Entronizar es acoger a Jesús en la propia casa… es también acoger a María. Esto quiere decir que al entronizar el Corazón de Jesús, “entronizamos” el de María, “humilde sierva del Señor” (¡el único título que ella se dio!)… Por eso no hablamos de la Entronización en relación a María: es Jesús, y sólo él, el centro de su vida y, por lo tanto, de la nuestra.
María es nuestra madre “educadora” que nos conduce a Jesús y nos enseña a amar como él y a ser sus testimonios. Ella es nuestro modelo en la acogida de la Palabra, del proyecto de Dios. Signo de la Iglesia, ella nos recuerda que lo que estamos llamados a llegar a ser, y nos invita a un amor más grande y a la exigencia misionera.
Seguro que una imagen o una estatua de la Virgen María encuentra un espacio en un nuestro pequeño rincón de oración… Y quizás también San José y los Santos patrones de los miembros de la familia.
También la Entronización busca hacer de nuestras “casas” “Iglesias domésticas” …
¡No para que nos quedemos acomodados en ella.
Sino para ayudarnos a “ser, con el poder de amar del Corazón de Jesús, auténticos constructores de la Civilización del Amor”!
Pasos para la Entronización
- Preparación para la entronización.
- Bendición de la casa.
- Bendición de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
- Entronización de la imagen.
- Rezo del Credo.
- Palabras o mensaje de quien preside la entronización.
- Fórmula de consagración.
- Oración por los ausentes y fallecidos.
- Consagración de los niños.
- Bendición final.
Pasos para la Entronización
Si desea entronizar al Sagrado Corazón de Jesús en su casa, contacte con nuestros sacerdotes.
